El espíritu rupturista de las denominadas vanguardias históricas, que revolucionaron el mundo del arte durante las primeras décadas del siglo XX, reavivó el interés por la escultura, que había permanecido en segundo plano en épocas anteriores.
La escultura de la segunda mitad del siglo XX
Después del final de la Segunda Guerra Mundial,muchas de las grandes personalidades de la escultura de vanguardia del primer tercio de siglo continuaron su producción sin grandes cambios evolutivos.
Junto a los ya citados Duchamp, Miró o Giacometti, desarrollaron sus singulares estilos una serie de escultores que aportaron visiones e interpretaciones muy personales y que, en buena medida, influirían en los movimientos plásticos de fin de siglo. Cabe destacar entre ellos a los siguientes:
David Smith (1906-1965) realizó obras de un estilo rígidamente abstracto, precursor del minimal art.
Alexander Calder (1898-1976), norteamericano, como el anterior, fue el creador de los singulares móviles, conjuntos de piezas de hierro, pintadas y articuladas, que constituyeron el primer antecedente de la escultura cinética.
Jorge Oteiza (1908) y Eduardo Chillida desplegaron una plástica esquemática en sus planteamientos, pero incorporando elementos naturalistas.
Henry Moore, por último, desarrolló sobre premisas muy personales una obra encuadrada dentro del organicismo, en la que adquiría especial importancia la figura humana deformada a través de huecos, líneas curvas y grandes volúmenes.
La década de los sesenta fue un periodo de renovación de los planteamientos estéticos de la escultura. La era del pop art abrió paso a la exaltación visual de lo doméstico, expuesto de la manera más descarnada. En este movimiento destacaron Claes Oldenburg (n. en 1919), y George Segal (n. en 1924) y Duane Hanson (n. en 1925), que centraron su creación en los vaciados en plástico de modelos humanos propios de la era de la publicidad.
Sobre la premisa de prescindir del elemento humano como medio de expresión, la escultura de las últimas décadas del siglo XX experimentó una serie de transformaciones que dieron lugar a escuelas específicas como las que se enumeran a continuación:
La corriente arte povera italiana utilizó materiales de desecho sin ninguna tradición escultórica, como trapos, muebles viejos o residuos de todo tipo.
El minimal art redujo a su expresión más exigua la expresividad de los objetos, con frecuente recurso a juegos de iluminación e instalaciones provisionales.
El land art propuso la intervención del escultor en la naturaleza para emplearla como medio de expresión.
La tendencia a prescindir de la perspectiva humana se rompería con el llamado body art, en el que el propio cuerpo humano hace las veces de soporte de la obra escultórica.
lunes, 30 de noviembre de 2009
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